Y llegó Solana

Solana es un anhelo desde hace muchísimo tiempo: mi primera rapaz. En este caso, se trata de una hembra de cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) de la subespecie inglesa, que es un poco más grande que la nuestra. Es un pollo de cría parental (criada por sus propios padres sin ningún contacto con el ser humano), lo que ha hecho que los primeros días fueran realmente duros. Pero quería experimentar esa sensación de "brega" con un pájaro prácticamente salvaje y conseguir transformar poco a poco su pánico, sus picotazos y sus bufidos, en confianza hacia mí.

 

Para mí resulta mágico ese proceso y haberlo vivido en primera persona ha sido una de mis mejores experiencias. Jamás olvidaré el primer día que Solana voló en total libertad, ese día en el que por primera vez no hay absolutamente nada que le una a ti, en el que tuvo todo el cielo para ella y que, sin embargo, eligió venir a mi puño. La sensación de ver volar hacia uno mismo una rapaz totalmente libre, con sus ojos clavados en ti, batiendo las alas con decisión y tomando mi puño como si del mejor posadero posible se tratara, esa sensación, ese privilegio, para los que amamos las aves (y las rapaces en particular) es, sencillamente, maravilloso.

 

Claro está que esto es sólo el primer paso de los muchos que hay que dar para adiestrar una rapaz, y en ello estamos... El objetivo es hacer de Solana un cernícalo altanero, es decir, que espere volando encima de mi cabeza, dando tornos lo más alto posible, la salida de su señuelo o posible presa y ser testigo de excepción de sus picados, modestos en todo caso, sobre todo si los comparamos con los de su primo mayor el halcón peregrino, pero suficientes, de momento, para mí.

 

El cernícalo es, quizás, la más modesta de las aves con las que se practica la cetrería. De pequeño tamaño (Solana tiene un peso de vuelo de 230 g aproximadamente), relativamente fácil de adiestrar, te permite algunos errores de manejo que otros pájaros no. Es por todo ello posiblemente el pájaro ideal para principiantes, como es mi caso, sobre todo si lo que te gusta es la altanería. Ya habrá tiempo para pájaros de mayor enjundia.

 

O puede que Solana me haga disfrutar tanto que no quiera ni oir hablar de halcones... De momento soy muy feliz con mi pequeña falcónida en el puño, es un verdadero placer salir con ella y ver el campo a través de sus ojos (como dice mi maestro y amigo Juanse). Sentir que hay un hilo invisible que une a tu rapaz, allí alta y poderosa en el cielo, contigo, vulgar humano incapaz de levantar los pies del suelo, es mágico, en el sentido más espiritual de la palabra.